MÁRTIRES DE AYER Y DE HOY |
OCTAVIO Y RAFAEL Mª LÓPEZ MELÚS La sangre de mártires es semilla de cristianos: así lo dice el pueblo de Dios y así lo confirma la historia, desde el Mártir del Calvario y su Madre Dolorosa (precedidos en el tiempo por los mártires bíblicos), hasta los miles de misioneros y de cristianos que en este nuestro siglo XXI han derramado su sangre por Cristo, a manos de los enemigos de la fe. |
EL HÁBITO Y LA CRUZ |
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GREGORIO RODRÍGUEZ Entre las atrocidades que la memoria histórica documentada atestigua que se cometieron en la Guerra Civil Española (1936-1939) está el asesinato de 296 monjas de clausura y religiosas de diversas Congregaciones que atendían asilos de ancianos, orfanatos, hospitales o colegios. |
MÁRTIRES DE CIUDAD REAL |
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FRANCISCO DEL CAMPO REAL Ciudad Real fue una de las diócesis más castigadas por la persecución religiosa que se desató en España en el trienio bélico 1936-1939. Fruto de ese “castigo” que los enemigos de la fe cristiana aplicaron a la Iglesia, son tantísimos mártires que en esa bendita tierra dieron su sangre por defender su fe en Cristo Jesús, el Señor. Este libro es solo una muestra cualificada. |
MÁRTIRES ESPAÑOLES |
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Después de medio siglo de estudios, investigaciones y promoción de causas de canonización de los mártires católicos de la persecución religiosa en el trienio bélico 1936-1939 (y en su prólogo de 1934 en Asturias), la España de la democracia contemplaba, por fin, la beatificación de los primeros mártires oficialmente reconocidos por la Iglesia. Juan Pablo II, que tanto sabía de persecución religiosa y de martirios, iniciaba una serie de beatificaciones -luego canonizaciones- que jalinarían su largo pontificaco, y marcarían un camino a seguir por su sucesor, Benedicto XVI. Cuando en la España del siglo XXI se habla de "memoria histórica", desde perspectivas políticas de partido, se busca la reivindicación y las culpabilidades, despertar el rencor y la división. No es ése el camino de la Iglesia, no el ejemplo de nuestros mártires, que, como el Mártir Jesucristo, murieron perdonando a los que les quitaban la vida. Como decía Juan Pablo II en las homilías de las beatificaciones de los mártires españoles, el martirio cristiano es semilla de reconciliación, nunca de odios ni rencores. |
LA DICHOSA VENTURA |
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Ya está en venta desde el mes de julio el volumen:
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EL ARCIPRESTE MÁRTIR DE TALAVERA |
PEDRO ARGANDA MARTÍNEZ Cuando Dios concede a un cristiano el don supremo del martirio, la sangre limpia su vida entera de toda mancha: el martirio, también acto supremo de amor del cristiano a Dios, une inmediatamente el alma del mártir con el Mártir del Calvario. Pero el beato Saturnino, además del martirio, tuvo una vida ejemplar. |
MÁRTIRES DE TOLEDO |
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JORGE LÓPEZ TEULÓN El título de este libro expresa la amplia realidad d e los mártires que dieron su sangre por Cristo en la persecución religiosa de 1936: clérigos diocesanos, religiosos, religiosas y seglares, que aparecen a lo largo de sus páginas, sean beatos o siervos de Dios. |
MÁRTIRES DOMINICOS ESPAÑOLES. 1936 |
JOSE A. MARTÍNEZ PUCHE Desde que Santo Domingo de Guzmán (+1221), fundador de la Orden de Predicadores (Dominicos), deseó ardientemente el martirio, para asemejarse más a Cristo dando su sangre por Él, hijos e hijas de Domingo han seguido las huellas del Maestro: todos los siglos desde el XIII han sido testigos del martirio de miembros de la Familia Dominicana. |
MÁRTIRES FRANCISCANOS DE CATILLA. 1936-1938 |
MARCOS RINCÓN CRUZ El P. Marcos Rincón es un verdadero experto en un tema tan actual como el de la persecución religiosa en España en los años treinta del siglo pasado. En esta obra, modelo de investigación seria y exposición sencilla, no se limita a las escuetas biografías y el martirio de los 22 franciscanos beatificados en octubre de 2007 y de los 51 en proceso de beatificación. Logra exponer con acierto el marco histórico-social de la España convulsa de 1931 a 1939, que se iniciaba con la II República, llevaba a cabo un primer momento de persecución religiosa en la Revolución de Octubre y culminaba con la Guerra Civil del trienio 1936-1939, en la que miles de religiosos, sacerdotes y laicos fueron asesinados por su condición de testigos de Cristo. Por eso son mártires y por eso la Iglesia los propone como ejemplo de testimonio cristiano. |
TOLEDO, 1936. CIUDAD MÁRTIR. PERSECUCIÓN Y MARTIRIO |
JORGE LÓPEZ TEULÓN El 14 de septiembre de 1936 Pío XI concede una audiencia a un grupo de unos 500 españoles… Lo que se veía, al correr las cortinas desde las estancias vaticanas, era una escena sobrecogedora: los españoles llegaban lívidos todavía, angustiados, como aturdidos. Iban vestidos con ropas prestadas, que a muchos les caían grandes y les daban un cierto aspecto fantasmal; habían visto la muerte muy de cerca, pero venían cantando el “Reinaré en España”, como en una auténtica peregrinación. Era emocionante ver aquello. La Secretaría de Estado había hecho preparar e imprimir una traducción oficiosa española de la alocución, de la que fue entregado un ejemplar a cada uno de los asistentes. Algunos lo doblaban con delicadeza mientras lo guardaban como si de una reliquia se tratase… Por fin Pío XI se asomó a la ventana y los peregrinos, entre lágrimas, estallaron en un gran aplauso. Tras corresponder a los saludos, comenzó la alocución. El Papa se compadecía de los peligros y sufrimientos pasados, denunciaba los horrendos crímenes cometidos contra personas y edificios eclesiásticos en la zona republicana, aludía de modo discreto pero inequívoco a los excesos que también se daban en la otra zona y no negaba su caridad a los mismos perseguidores de la Iglesia… Muchos no podían ni leer, pero percibían la cálida acogida en el tono de voz del Pontífice. A partir de esta escena en Castelgandolfo (Roma) regresamos con el estallido de la guerra. Lo que nos disponemos a narrar no es más que uno de los muchos capítulos en que se divide el libro de la cruel persecución religiosa que se vivió en la España de los años 30, y que se concentró de manera salvaje en el segundo semestre de 1936, coincidiendo con el inicio de la guerra civil española. Los sucesos de la persecución religiosa en la ciudad de Toledo se desarrollan en un margen de 72 días, que llevarán al exterminio de las comunidades de religiosos, de los sacerdotes diocesanos y de muchos seglares comprometidos con la Iglesia. Junto a esta página desconocida y gloriosa, suceden los famosos hechos de la defensa del Alcázar, episodio militar que fue seguido en el mundo entero... Mientras sus defensores hacían dar un significativo paso para el ejército de Franco y sus atacantes huían sin el triunfo conseguido, la Iglesia fue perseguida y masacrada. JORGE LÓPEZ TEULÓN es sacerdote de la Archidiócesis. Postulador de las Causas de los mártires para las diócesis de Castilla-La Mancha y Ávila. Además es Capellán del Colegio “Compañía de María” de Talavera de la Reina (Toledo). |
MARTIRIO EN EL CORAZÓN DE LA MANCHA Siervo de Dios Antonio Martínez Jiménez y compañeros mártires de Ciudad Real |
Francisco del Campo Real La auténtica "memoria histórica" lleva a recordar a quienes, siguiendo las huellas de Jesucristo , y por ser sus discípulos, fueron martirizados por quienes obraban impulsados por odio a la fe de la España de 1934 y 1936-1939. El martirio es el supremo testimonio que el cristiano puede dar de su fe en Jesucristo, muerto y resucitado. Basta que se demuestre el martirio, para que la Iglesia proponga a sus fieles el ejemplo de los mártires, que gozan de la gloria de Dios en el cielo. Para demostrar el martirio están los procesos que cada diócesis y Roma llevan a cabo. En este caso, la de los Mártires en el corazón de la Mancha, sobre los mártires de Ciudad Real, encabezados por un gran sacerdote, Don Antonio Martínez Jiménez. Otro sacerdote de Ciudad Real, Francisco del Campo Real, que ya publicó en Edibesa "Mártires de Ciudad Real", poniendo como cabeza de grupo al obispo mártir de esta diócesis enfoca ahora su certero objetivo a la figura de D. Antonio Martínez, que a la gloria de su martirio añade la ejemplaridad de una vida sacerdotal plenamente evangélica. Por eso podía decir el sacerdote mártir, anunciando su final en la tierra y su paso a la gloria: Un tiro en el corazón, y a tomar posesión del cielo. Dios quiera que esta obra, escrita con tanta documentación y admiración hacia el protagonista y sus compañeros mártires, ayude a que se conozcan los indudables méritos de quienes vivieron santamente y murieron como Cristo en la Cruz, perdonando a quienes los mataban. |