Toledo, ciudad mártir. 1936

 

Corrían los días aciagos de la guerra civil cuando L´Illustration (Esta revista apareció un poco antes de la segunda mitad del siglo XIX, tuvo una dilatada existencia, de 1843 a 1944), una de las revistas francesas más prestigiosas de Europa, publicaba en enero de 1938 un número monográfico (Gracias a la colaboración de Monseñor Carmelo Borobia Isasa, Obispo auxiliar de Toledo, que nos facilitó un original del monográfico de L´Illustration, que se encuentra en la exposición, se pueden ver todas esas fotografías accediendo a un enlace en www.persecucionreligiosa.es). En él se hacía eco de los destrozos materiales en las iglesias (edificios, retablos, pinturas, esculturas…) de buena parte de la geografía republicana donde tantos estragos ocasionó la persecución religiosa no sólo en las personas sino también en lo material. La revista no ofrece comentarios ya que las fotografías hablan por sí solas. Una vez más una imagen valía más que mil palabras.

La denuncia venía cuando solo hacía año y medio que había estallado la guerra y todavía quedaba otro año y tres meses más. Las fotos, buscándolo o no, denunciaban en Francia y en Europa lo que nosotros venimos en llamar persecución religiosa. Se mostraba de forma evidente el ensañamiento provocado contra el patrimonio religioso. Muchas fotografías de L´Illustratión llevan un pie de foto escueto: “Así era… este era el aspecto…” Luego no podía mostrarse, como en otros muchos casos, como habían quedado tal o cual imagen porque ya no existían… las llamas habían hecho desaparecer no sólo joyas arquitectónicas, hermosas pintura o preciosas esculturas… se habían hecho arder, se pretendía hacer desaparecer, la fe de nuestros mayores: los templos donde se reunían para celebrar la vida sacramental, las imágenes de sus Cristos, de sus Vírgenes, de sus patronos… ante los que generaciones tras generaciones habían encomendado dirigido hacia ellos sus rezos y pedido por sus problemas. No era quemar un retablo o destrozarlo a hachazos… se pretendían muchas más cosas.

            Pero, en realidad, no era necesario trasladarse al París de 1938. Aquí en Toledo, meses después, en julio de 1938 – tras dos años de contienda – el Señor Cardenal, Monseñor Isidro Gomá recibía “con la mayor reverencia y profundo agradecimiento de su devoto servidor y amigo que besa su sagrada púrpura” un álbum de fotos. No era cualquier regalo. Seguro que el Cardenal Gomá al pasar cada una de las páginas de ese álbum sentiría como se rasgaban las fibras más íntimas de su ser espiritual al comprobar las profanaciones diabólicas a las que Toledo y España había sido sometida.

El autor del regalo y de las fotografías era Pelayo Más del Archivo Más de Barcelona. La historia de la fotografía en España pasa por Adolfo Más (1861-1936) que abrió la brecha de una saga de fotógrafos profesionales que recorrieron la península con su máquina a cuestas y sus cajas de negativos para realizar encargos de todo tipo de instituciones, tanto nacionales y extranjeras, cuyos trabajos se realizaron entre 1918 y los albores de la Guerra Civil. Su constancia e ingente labor permitieron que muchos monumentos, que desaparecieron o se transformaron tras el conflicto bélico, tengan hoy pasado. La labor de Adolfo la continuó su hijo, Pelayo Más, cuya implicación en ese momento de la historia de España quedó plasmado en este trabajo.

El álbum que preparó Pelayo Más para el Cardenal Gomá tiene forma casi cuadrada (35x33). Las fotografías son de color sepia y cada una de ella tiene una dimensión aproximada de 20x30. En una leyenda rotulada a plumilla negra y con las letras capiteles rojas, que encontramos tras la última fotografía puede leerse que el trabajo “fue hecho y terminado en Sevilla” y que en él está representado el “Martirio del Arte y la destrucción de la Iglesia en la España roja” (denominación popular para expresar la zona republicana).

De las 169 fotografías la mayor parte (80) pertenecen a la Archidiócesis de Toledo y, concretamente, a la ciudad Imperial. Las cincuenta primeras páginas se centran en mostrar la destrucción del emblemático edificio de El Alcázar y en el Monasterio de la Concepción (de las MM.Concepcionistas) tan próximo a él y que fue profanado de forma in misericorde. Por ello hemos puesto este título de Toledo, ciudad mártir. 1936.

La exposición ha sido inaugurada el miércoles 12 de marzo con una conferencia que pronunció en el Salón de Concilios del Arzobispado de Toledo, el escritor y periodista César Vidal Manzanares. Inmediatamente y contando con la presencia del Señor Cardenal, Don Antonio Cañizares Llovera, se inauguró la exposición que se encuentra instalada en la Sala de Exposiciones del Arzobispado toledano (C/Arco de Palacio, 3).

La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 25 de abril.

Para más información pueden ponerse en contacto con el Arzobispado de Toledo (925.224100)

 

 

MEMORIA DE LOS MÁRTIRES Y SIGNO DE RECONCILIACIÓN

(Palabras del Sr. Cardenal en la inauguración de la exposición "Toledo, Ciudad Mártir 1936")

Saludo a todos los presentes, con gratitud por su presencia en este acto de inauguración de esta Exposición, fundamentalmente fotográfica, que lleva por nombre "Toledo, Ciudad Mártir 1936". Recoge el testimonio gráfico, incuestionable, de un momento doloroso de nuestra historia: "La verdad nos hará libres". La verdad no puede asustarnos ni la podemos, ni debemos, ocultar. Nuestra mirada no es de odio ni de rencor, ni de acusación ni condena de nadie. Es evocación de una historia que es parte nuestra, que pertenece a nuestra memoria y a nuestra identidad; que ha de ser asumida, y también superada en aquello que haya podido conducir otrora al enfrentamiento, al desgarro, a la violencia, a la lucha fratricida.

      Esta Exposición trae a nuestra memoria la verdad de una dolorosísima experiencia, sufrida en Toledo y en el resto de nuestra España, hace setenta años, y que pesa mucho todavía sobre nuestra vida social y política. Son páginas que no podemos arrancar de nuestra historia, llenas de heridas, que no hay que reavivar, sino curar por completo, en reconciliación y en unidad de un proyecto común ilusionante con capacidad de generar esperanza compartida por todos, sin excepción de nadie. Aquellas divisiones y enfrentamientos tan crueles y dolorosos acaecidos en España no deberían jamás repetirse. Depende de todos.

      Un queridísimo obispo, ya fallecido, a quien todos le debemos mucho aunque lo hayamos olvidado tan pronto, escribía en el cincuenta aniversario de aquella parte de nuestra historia: "No me parecería saludable que la guerra civil se convirtiera en un asunto del que no se pueda hablar con libertad y objetividad. Los españoles necesitamos saber, sin crispaciones, lo que verdaderamente ocurrió en España hace 50 años (hoy diríamos, 70. Los historiadores tienen que ayudarnos a conocer la verdad entera. Porque saber lo que sucedió en la guerra civil española es condición indispensable para superarla. Se habla y escribe mucho hoy de aquellos hechos. Sin embargo, no siempre se habla y escribe acertadamente. El intento de desfigurar los hechos omitiendo o aumentando cualquiera de sus elementos en favor o en contra de personas, ideologías o instituciones es inadmisible. Nunca se debiera utilizar, sobre todo en los medios de comunicación, una imagen distorsionada en favor o en contra de nadie. Saber perdonar y saber olvidar es una obligación cristiana, condición indispensable para el futuro de reconciliación y de paz. Ciertamente la Iglesia no pretende estar libre de todo error. Pero quienes le reprochan de haberse alineado con una de las dos partes contendientes deben tener en cuenta la dureza de la persecución religiosa desatada en España desde 1931. Nada de esto, ni por una parte ni otra, se debe repetir". Ciertamente, como hemos escuchado y sabemos, ha sido la persecución religiosa, sin duda, más grande de toda la historia, en personas, en templos, patrimonio, imágenes… en tratar de erradicar por completo todo lo que se refiera a la fe cristiana. Es un hecho, y los hechos hay que admitirlos como son, no para arrojarlos contra nadie, sino, sencillamente, para transformar aquello que debe transformarse en la conciencia de todos de una manera fundamental.

      "Toledo, Ciudad Mártir", es un documento objetivo que habla por sí mismo con toda verdad sobre lo acaecido en estos momentos. Sólo cabe señalar a estas fotos y decir: "Ahí está; eso sucedió". Pero tanto destrozo y despojo, tanta violencia y odio desatado, nos hacen mirar, más todavía en el umbral mismo de la Semana Santa y a lo largo de ella, al Crucificado, aunque esté tan destrozado y maltratado, como aparece en las fotos expuestas, o en esos dos despojos de la violencia de entonces sobre el Crucificado que aquí se exponen. Y recordando el Calvario de Jerusalén, decir y pedir con Él con toda verdad: "¡Padre perdónales porque no saben lo hacen!" (No sabían lo que hacían entonces, no saben lo que hacen quienes persisten en su misma actitud). Y pedir el perdón, es pedir una vida nueva, la del amor y de la reconciliación que Dios infunde en el hombre por su misericordia infinita; pedir perdón es decir: "En adelante no peques más", es mirar al futuro con esperanza renovada; es impetrar el auxilio de Dios, rico en misericordia, para que el perdón y la magnanimidad, el caminar juntos reconciliados, sean el nuevo clima para los nuevos tiempos. A eso quiere invitar esta Exposición que inauguramos esta mañana: al perdón y a una perenne y verdadera reconciliación entre todos, para edificar, con la mirada puesta en Cristo, único Señor de la historia, de la vida y de la muerte, y con la gracia y misericordia que brotan de su cuerpo destrozado, una sociedad nueva que camine unida por sendas de paz apoyada en la verdad, la justicia, la libertad y el amor. Es lo que enseñan los misterios de los días santos que vamos a celebrar, es por lo que muere Cristo y deja que su cuerpo sea destrozado; es por lo que murieron y de lo que dieron testimonio nuestros mártires, de aquellos años, recordados y presentes en esta Exposición por los mártires toledanos que fueron beatificados el pasado 28 de octubre, o en anteriores ocasiones, o que, con su proceso en curso avanzado, esperamos no tardando mucho sean beatificados. Todos ellos murieron por su fe, todos ellos murieron por Jesucristo, Rey y Señor único, todos ellos, sin excepción, murieron perdonando a quienes les mataban, todos ellos ofrecieron su vida por un futuro de paz y de justicia a todos los españoles.

      Como ya dije en mi carta anterior a la beatificación de estos mártires, ello son testigos valientes y ciertos de que Cristo vive, reina y nos salva, y que su salvación, su vida y su amor valen más que todo, son el tesoro al que nada se le puede comparar. Ellos han sido y son una fuerza de la fe cristiana vivida hasta el extremo del amor, testigos singulares de Dios vivo que es Amor en la vida de los hombres, ellos "son fuego, luz, renuncia a todos los egoísmos, espléndida manifestación de vida de entrega a Dios por las causas más nobles que puedan darse: las del triunfo de Cristo en la sociedad" (Cardenal Marcelo González), la del amor sobre el odio, la del perdón sobre la venganza, la de la paz sobre la guerra. Conservar y vivir la  memoria de los mártires es un deber del cristiano. Por lo mismo, conservar y vivir la memoria del martirio que la Iglesia en Toledo sufrió, como atestiguan estos documentos, es un deber que tenemos para con la sociedad. Porque estos destrozos y estos despojos nos dicen que el Amor de Cristo, que la fe en Él, que Él, por encima de todo Él y su Iglesia, no podrán ser derrotados y que lo que ofrecen a la humanidad: amor, vida, perdón, Dios, eso permanece y se ofrece a todos, precisamente, para disipar y arrancar esa violencia asentada en la ignorancia o en la mentira.

      La Iglesia mártir, mártir en Toledo, con sus mártires –sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, seminaristas, novicios…- es muestra de la vitalidad de la Madre Iglesia en el siglo XX, ha dado fe de la fortaleza que la anima y del vigor cristiano de "sus hijos más ilustres, las cimas más altas de humanidad en nuestra tierras en muchos años, lo mejor de nuestros pueblos". Contemplar esta muestra, lejos de tornarnos a la amargura o al odio, debería conducirnos a exclamar: "¡Qué Iglesia es ésta! ¡Qué Madre tan fecunda que, en cualquier momento de la historia, engendra estos hijos!", que es capaz de sufrir por Cristo, por el Reino de Dios, tanta persecución, destrucción y violencia, como la que aquí se nos muestra. ¡Qué fuerza lleva dentro de sí la Iglesia del Señor para ser tan perfectamente capaz de sufrir esto, y seguir viviendo, y anunciado el perdón y pidiendo misericordia, y ofreciendo amor y ayuda a todos, y sentirse unida con todos acogiendo a todos sin excepción alguna en su propio seno, seno de madre!

      Esta Exposición, abierta al público hoy, en los umbrales de la Semana Santa y de la Pascua, que se prolongará a lo largo de abril en tiempo pascual, debería ayudarnos a seguir, desde la verdad, desde el conocimiento desapasionado de la verdad, las huellas y el camino que siguió la Iglesia mártir en Toledo, en sus templos, objetos, imágenes y, sobre todo, en sus fieles cristianos mártires: el del perdón y la edificación sólida de la paz en estos momentos cruciales de nuestra historia, porque "ellos han sido, y son para todos, ejemplos innegables y conmovedores de personas con entrañas de amor y de misericordia, capaces de perdonar y morir perdonando como su único Señor. Ellos son hoy y serán siempre memoria viva, llamada y signo, garantía de una honda y verdadera reconciliación, que nos marca definitivamente el futuro: un futuro de paz, de solidaridad, de amor y de unidad inquebrantable entre todos los españoles. Ellos son de todos y para todos".

      "Toledo, Ciudad mártir 1936", Exposición que evoca la persecución religiosa, y más aún el martirio de toda una Iglesia, la que está en Toledo, la que está en España, sencillamente: la Iglesia; es memoria de aquel martirio, que la acompaña desde su nacimiento, desde Jesucristo y la Iglesia apostólica, hasta nuestros días. Se trata, aunque parezca paradójico, de una memoria agradecida porque tras toda aquella locura de los años treinta está la entrega sacrificial y el testimonio de Jesucristo y de su amor; de esa Iglesia, que es la garantía más cierta de un futuro permanente de paz, de perdón, de amor y unidad entre todos los españoles, porque el futuro está en Dios, del que es testigo entonces y ahora, testigo de Dios que es amor y misericordia, que nos ha reconciliado y perdonado en su Hijo por su sangre, y ha derribado los muros de la separación que eleva el odio y la violencia.

      Con esta Exposición queremos contribuir a la verdad que nos hace libres, base de la paz, al testimonio del amor y de la fuerza de Dios, vencedor de toda destrucción, sin quien tampoco cabe la paz, y a promover la unión de todos, para que nunca se produzca entre nosotros violencia ni ataque a la religión, a la libertad religiosa, sin la que tampoco se puede edificar la paz. La Iglesia en Toledo, la Iglesia, sencillamente, no tiene poder, como tampoco lo tuvieron aquellos mártires o aquellos cristianos perseguidos, o aquellas parroquias, conventos, seminarios, perseguidos y violentados, pues no tenían en la mano los resortes del poder, pero trabajaron para unir y para crear las bases de entendimiento entre unos y otros. Aquel martirio de Toledo, o de España, fue testimonio diáfano de Dios, que es Amor, y perdona, y concede el triunfo de la gloria donde permanecerá el Amor. Hoy debe ser lo mismo: Testimonio de Dios, que es amor. Eso es "Toledo, Ciudad Mártir 1936", que ahora inauguramos.