Miembro de Acción Católica
La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) tiene su origen en un grupo de congregantes marianos que reúne el 4 de noviembre de 1908 el jesuita padre Ángel Ayala a petición de monseñor Vico, Nuncio de Su Santidad en España. El deseo que había manifestado el Nuncio al padre Ayala era la fundación de la Juventud Católica Española. Se trataba de despertar al adormecido catolicismo español de principios del siglo XX. No había unos fines claros y un camino trazado, pero sí una disposición resumida por la frase del propio padre Ayala: “vamos a ver lo que Dios quiere de nosotros”. El método sí estaba claro: los famosos mítines de propaganda católica; para ello solo era necesario jóvenes de espíritu fuerte, dotados de aptitudes y dispuestos a recorrerse toda la geografía española.
 

Enseguida se ve la necesidad de un periódico como faro guía de todo el activismo generado por el nuevo grupo y el 1 de noviembre de 1911 se inicia, bajo la dirección de Ángel Herrera, la nueva etapa de “El Debate” y se funda la Editorial Católica, que tanta importancia iba a tener en el mundo de la comunicación en los años venideros.

Desde sus orígenes, la ACdP apoya a la Confederación Nacional Católico Agraria. Todo ello bajo el impulso de la encíclica “Rerum Novarum”. Pronto preocupa también el ámbito de la enseñanza; en 1918, se funda la Oficina Informativa de la Enseñanza y, en 1920, el propagandista Fernando Martín Sánchez funda la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos.

En estas fechas empiezan a organizarse otro tipo de actividades que han sido una constante, hasta nuestros días, en la vida de la Asociación: se trata de conferencias sobre temas de actualidad abiertas al público, en las que los máximos representantes del pensamiento católico español exponen sus criterios.

Durante la II República se intensifica la actividad política de los propagandistas. En 1931, ante los acontecimiento acaecidos en España, la ACdP se implica en la creación de Acción Nacional, que, luego, pasa a llamarse Acción Popular y cuyo líder principal fue el propagandista salmantino José María Gil-Robles.

El periodo iniciado el 18 de julio de 1936 supone un importante quebranto, tanto material como de vidas humanas, para la ACdP. Más de 80 propagandistas son asesinados por sus creencias religiosas, entre ellos el propio Secretario General de la Asociación y del CEU, Beato Luis Campos Górriz , hoy en los altares (la información completa la podéis encontrar en www.acdp.es)

La presencia en Toledo de la Asociación de Propagandista se remonta al año 1931, momento en el que existía una correspondencia asociativa en la ciudad con un aspirante. Tres años después, en 1934, ya se había constituido un núcleo de propagandistas. Tristemente, este pequeño grupo de socios fue prácticamente aniquilado en los primeros momentos de la Guerra Civil. Entre los asesinados estaba el Beato Ricardo Pla Espí, consiliario del Centro de Toledo de la ACP.

El mismo mes en que estallaría la guerra y sufriría el martirio se dirige en un retiro a los propagandistas. Era el 5 de julio de 1936 y les decía:

“Meditemos en la caída o pecado de san Pedro; a) quién es el que cae; b) cómo: a la voz de una criada; c) porqué: tibieza y abandono de la oración. Lo mismo nos puede ocurrir a nosotros si no estamos llenos de la gracia de Cristo Jesús. Somos propagandistas de la fe, la suprema dignidad es dar a conocer el Evangelio a los demás, vivimos tiempos muy difíciles para toda la Iglesia, no podemos callar, no debemos parar de trabajar, a pesar de todo lo que está ocurriendo en nuestro pueblo. Amemos a Cristo con humildad y entrega y pasaremos a realizar los prodigios del apostolado”.

A don Ricardo Pla el Espíritu Santo le concedió la fortaleza necesaria para ofrecer su sangre por Cristo, a la caída de la tarde de aquel 30 de julio de 1936, en la Ciudad Imperial, donde ejercía un fecundo apostolado.

 El siguiente es el Siervo de Dios Simón Lancha Galán que murió fusilado junto a su tío el Siervo de Dios Pascual Lancha Pérez, párroco de Santiago del Arrabal, de Toledo; ambos están en los procesos que sigue nuestro Arzobispado de Toledo.

Son muchos los artículos que Simón Lancha publicó en “El Castellano”. En el ejemplar del martes 28 de junio de 1934 cuando se da la noticia de la bendición de la bandera de la Juventud Católica de El Bonillo (Albacete) se lee: “… en la velada literaria tomaron parte miembros de la juventud… el presidente cedió la palabra a don Simón Lancha, de Toledo. Éste dijo que sin un espíritu fuertemente cristiano no será posible pensar en la restauración cristiana de la sociedad; por eso estas juventudes que se van creando son como arbolitos nuevos que hemos de cuidar  con gran esmero para que mañana extiendan su ramaje por todas las instituciones sociales, llenándolos del espíritu auténticamente cristiano que ellos llevaran”.

Simón Lancha “habla de lo que es la Acción Católica y de sus fines. Glosa el lema de las juventudes, haciendo resaltar el valor formativo que tiene la A.C. Se ocupa del apostolado entre los campesinos y termina diciendo que con un poquitín de trabajo diario el triunfo será nuestro, porque trabajamos por la Iglesia”.

El 27 de mayo de 1934, en la bendición de la bandera y de los salones de la Juventud de Acción Católica de Villatobas (Toledo) Lancha toma la palabra para definir que “la AC quiere recoger estas explosiones del corazón para encauzarlas hacia el norte de nuestras aspiraciones”…. Habla de cómo las juventudes darán a la patria los mejores ciudadanos y los mejores magistrados. Habla de lo que nos ha enseñado la adversidad que es la gran maestra de la enmienda. Exhorta también a los jóvenes al estudio de las verdades fundamentales y explica el alcance de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, glosando su contenido, y termina (podemos leer en la crónica de “El Castellano” del 1 de junio) en medio de una gran ovación recomendando a los jóvenes gran adhesión a su consiliario (Rivera), que será el vigía de su juventud y es el genuino representante de la jerarquía.
              
Curiosamente a partir de 1935, el Siervo de Dios firma sus artículos como “de la A. C. de P. y Abogado”.

El Siervo de Dios Simón Lancha Galán asiste como delegado de la diócesis de Toledo al II Congreso nacional de las Juventudes Católicas celebrado en Santander del 15 al 18 de diciembre de 1932. Días después escribe una crónica para las páginas de “El Castellano” en donde puede leerse: “De este Congreso, de este resurgir de las Juventudes Católicas de España, queremos hablar con algún detalle… Nos vamos a dirigir principalmente a los jóvenes católicos de nuestra provincia para que meditando en la intimidad de su conciencia, a solas con los anhelos de su corazón, vean si es llegada la hora de que en todos los pueblos se constituyan organizaciones dispuestas a servir a Dios y capacitarse para defender a su Iglesia en la vida ciudadana. Este Congreso ha sido, por lo pronto, un consuelo para la Iglesia católica y un aliento para las nuevas campañas”.

El 5 de mayo de 1934 firma un artículo titulado “Materia de los Círculos de Estudios”. En éste termina diciendo: “Los jóvenes de hoy quieren amar lo social y la cultura, no a pesar de ser católicos sino precisamente por serlo. Formar socialmente el espíritu de la juventud equivale a ir formando grupos de ciudadanos jóvenes, inteligentes y audaces que vivan la fe en toda su integridad y opongan sin cesar, con su lenguaje y con su conducta, el más enérgico mentís (desmentido) a todos los prejuicios acumulados contra nosotros”.

in embargo, como ya dijimos, a partir de 1935, el Siervo de Dios firma en “El Castellano” sus artículos como “Simón Lancha de la A. C. de P. y Abogado”. Casi un año antes de su martirio, el 24 de septiembre de 1935, publica un artículo con el título de “Sindicatos antimarxistas” en el que escribe: “Es evidente que una de las circunstancias que son más de lamentar en nuestra provincia y en toda la vida nacional, es la pobreza de la organización social, sobre todo en la parte obrera. En un país donde nos llenamos la boca proclamando a los cuatro vientos que somos católicos, es imperdonable la apatía y el abandono que existe en relación con la sindicación cristiana. Un Estado que es fundamentalmente católico, a pesar de la Constitución, que no esté organizado socialmente, no captará jamás las masas obreras, que miran con odio a los que, titulándose hijos de la Iglesia, hicieron directa oposición a que se les concedieran mejoras muy justas… La creación y el desenvolvimiento de verdaderos sindicatos obreros, que viertan su eficacia sobre la realidad de la vida laboral española, es el primer paso que hay que dar si se quiere acabar con el marxismo”.

Publicará otros artículos con titulares muy aclaratorios: “La carta magna a los obreros”; “Un ministro de trabajo”; “El contrato de aparcería”; “Las mejoras en arrendamientos rústicos”; “El socialismo y las elecciones” o “El seguro social obligatorio”…

Simón Lancha Galán era sobrino del Siervo de Dios Pascual Lancha Pérez, que ejercía como párroco de Santiago del Arrabal en Toledo. Los dos serán asesinados el mismo día.

Cuando estalla la Guerra Civil, durante las primeras semanas, tío y sobrino han buscado refugio cada uno por su cuenta, hasta que se rencuentran. Cid Leno y Moreno Nieto afirman, en su obra “Mártires de Toledo” (Toledo 1942), sobre el Siervo de Dios “Simón Lancha Galán, que por sus ideas sobradamente conocidas en Toledo ha escapado de su domicilio el primer día de la dominación marxista. Aunque con un pie dañado, logró refugiarse, providencialmente, en casa de los señores Marín, con los cuales se trasladó a su cigarral. Así que, ahora, cuando todos regresan a la ciudad, tío y sobrino se encuentran. Desde entonces, los dos han estado encerrados con la familia Marín hasta el jueves 27 de agosto, en que unos milicianos, acompañados de un zapatero del Arrabal, han ido a buscarles”.

Los dos serán fusilados en el Paseo del Tránsito, y sus cadáveres quedan a la intemperie, tiñendo una vez más esa calle de la gloriosa sangre de los mártires. Cuando termine esta serie narraremos con detenimiento el asesinato del sacerdote.