Carpintero

Cada año el calendario litúrgico diocesano nos permite celebrar el 24 de julio el martirio de tres pasionistas que sufrieron martirio en Urda, de un total de 26 religiosos de la Comunidad de Daimiel (Ciudad Real). Era la tarde del 24 de julio de 1936 y el Padre Pedro del Sagrado Corazón (Largo Redondo, presbítero de 29 años), el Hermano Félix de las Cinco Llagas (Ugalde Irurzun, de 20 años) y el Hermano Benito de la Virgen del Villar (Solano Ruiz, de 38 años) caminaban de Daimiel a Malagón, por descampado. Fueron detenidos en el Puente Navarro del río Guadiana. En el Ayuntamiento se les retuvo hasta las seis de la mañana del día siguiente en que se les subió al tren correo. En Urda esperaban los revolucionarios más rabiosos, a los que se unieron los de Consuegra, que no querían que se escapasen los pasionistas. Los tres fueron fusilados en la estación de Urda al amanecer del 25 de julio, fiesta de Santiago Apóstol.

Cada año el calendario litúrgico diocesano nos permite celebrar el 24 de julio el martirio de tres pasionistas que sufrieron martirio en Urda, de un total de 26 religiosos de la Comunidad de Daimiel (Ciudad Real). Era la tarde del 24 de julio de 1936 y el Padre Pedro del Sagrado Corazón (Largo Redondo, presbítero de 29 años), el Hermano Félix de las Cinco Llagas (Ugalde Irurzun, de 20 años) y el Hermano Benito de la Virgen del Villar (Solano Ruiz, de 38 años) caminaban de Daimiel a Malagón, por descampado. Fueron detenidos en el Puente Navarro del río Guadiana. En el Ayuntamiento se les retuvo hasta las seis de la mañana del día siguiente en que se les subió al tren correo. En Urda esperaban los revolucionarios más rabiosos, a los que se unieron los de Consuegra, que no querían que se escapasen los pasionistas. Los tres fueron fusilados en la estación de Urda al amanecer del 25 de julio, fiesta de Santiago Apóstol.

Sin duda, el espantoso martirio del Siervo de Dios Enrique Corral Reig, párroco de Urda durante 29 años (desde julio de 1907 a 1936), fue el más relatado desde el final de la guerra. Ahora, queremos narraros el martirio de un sacerdote, su cuñado y el hijo de éste, de tan sólo 17 años, al que podíamos reconocer “mártir del quinto mandamiento”, pues se le quiso obligar a matar a una persona y así quedar en libertad.

El Siervo de Dios Constantino Rabadán, urdetano de nacimiento, ejercía como párroco de Menasalbas (Toledo): su cuñado era el Siervo de Dios Quiterio Malagón, casado con Antonia, hermana de Constantino. El hijo de ambos y sobrino del sacerdote es el Siervo de Dios Jesús Malagón. Padre e hijo eran carpinteros.

El Siervo de Dios Constantino Rabadán y Fernández-Medrano había nacido en Urda (Toledo) a las siete de la mañana del 21 de agosto de 1886 y bautizado al día siguiente. Fueron sus padres Epifanio y María. Tras realizar los estudios eclesiásticos en Toledo, fue  ordenado el 12 de marzo de 1910.

Dos de sus compañeros de ordenación ya han sido beatificados: el Beato José de Mora Velasco (que después de ejercer como sacerdote diocesano pasó a los Hermanos de San Juan de Dios) y el Beato Justino Alarcón de Vera. Además en esa ordenación de presbíteros estaban codo a codo los Siervos de Dios Serapio García-Toledano, Nicasio Carvajal y Simeón Bel Rodríguez.

El 27 de marzo “celebraba solemnemente y por primera vez el santo sacrificio de la Misa”, a las diez de la mañana, en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Urda. Entre sus destinos sabemos que ejerce el ministerio en Huerta de Valdecarábanos o en Menasalbas (Toledo), en cuya parroquia está destinado cuando estalla la guerra.

Conservamos una carta que le escribe a su cuñado Quiterio para hacerle reflexionar sobre el beneficio de la vocación de su hija mayor, que ingresará en las Carmelitas de Malagón (Ciudad Real): “…que con Dios seas tan generoso y tan agradecido como eres con las personas del mundo… Yo creo que Dios te ha de premiar “a lo Dios” tu generosidad. ¿Verdad que sí eres generoso con el que tan generoso ha sido contigo?…”

Cuando estalla la guerra, el Siervo de Dios se encontraba en Urda convaleciente de una operación. Aunque algún testigo afirma que estaba pensando en solicitar el traslado a su pueblo para quedarse como capellán de la ermita del Santísimo Cristo de la Vera Cruz.

El 16 de julio de 1936, fiesta de la Virgen del Carmen, y diez días antes de ser detenido y encarcelado, visitando a su sobrina Teodosia (Sor Asunción del Sagrario) en Malagón, dijo a la comunidad que había ofrecido su vida por la salvación de España.

El 26 de julio, tres días después que el coadjutor de Urda, don Antonio Hernández Sonseca, fue encarcelado. Allí se encontraron ambos sacerdotes. Finalmente, el día 5 de agosto los milicianos conminaron al coadjutor de Urda a que revelara lo que los otros presos le habían confesado en el sacramento... Él se negó de plano, a pesar de que le torturaban. Y esa misma noche, Don Antonio y Don Constantino fueron sacados de la prisión de Urda, fusilándolos inmediatamente.

Los Siervos de Dios Quiterio Malagón Garrido y Jesús Malagón Rabadán, el martirio de un padre y de su hijo.

En la década de los años 30 nos encontramos en Urda con Quiterio Malagón que era carpintero y llevaba una vida normal, sacando adelante con su trabajo a su esposa Antonia y a sus ocho hijos (Teodosia, Rufino, Jesús, Epifanio, Antonio, Constantino, Justa y María).

Los Siervos de Dios Quiterio Malagón Garrido y Jesús Malagón Rabadán, el martirio de un padre y de su hijo.

En la década de los años 30 nos encontramos en Urda con Quiterio Malagón que era carpintero y llevaba una vida normal, sacando adelante con su trabajo a su esposa Antonia y a sus ocho hijos (Teodosia, Rufino, Jesús, Epifanio, Antonio, Constantino, Justa y María).

Por una carta que conserva la familia, sabemos de lo difícil que fue para él desprenderse de Teodosia, su hija mayor, que decidió entrar en el Carmelo de San José de Malagón (Ciudad Real). Su cuñado sacerdote, el Siervo de Dios Constantino Rabadán, del que hablábamos la semana anterior, le escribe para alentarle: “¿Verdad que sí eres generoso, con el que tan generoso ha sido contigo? En Malagón siempre la tendrás cerca.” Motivos humanos y lógicos de entender son pensar que su esposa quedaba en la casa, con los siete hijos restantes, encargándose de todo, faltándole la mayor. Sin embargo, tras aceptar la marcha, uno de sus hijos testigo de todo ello recuerda que llegará a comprarse un coche de segunda mano, “que se paraba cada dos por tres”, para recorrer los poco más de 30 kilómetros que separan Urda de Malagón.

Cuando llega el inicio de la guerra civil, y según consta en la Causa General, el 21 de julio de 1936 pasaron violentamente a su casa y después de insultarlos dispararon, hiriendo al dueño y a una sobrina, llamada Rufina, que quedó herida. La tal Rufina vivía con su tío sacerdote Constantino en la parroquia de Menasalbas y ahora le acompañaba en su convalecencia en Urda. Después de la guerra marchó a Tortosa para ser religiosa de la Consolación, de la Madre Molas.

Mientras Rufino, el hijo mayor, maldecía a los milicianos, Quiterio exclamaba: “-Hijo, perdónales, que no saben lo que hacen”. Como en la casa estaba su cuñado, el Siervo de Dios Constantino Rabadán, se confesó inmediatamente. Por las heridas de ese tiroteo fallecía casi dos semanas después, el 2 de agosto. Se le asesinó porque su hogar era una referencia para los católicos del pueblo. Su casa en estos momentos acogía a varias religiosas del Carmelo de su hija. Y las visitas al Cristo de Urda era constantes.

La foto familiar que ilustra nuestro artículo muestra a los tres mártires: Quiterio, el primero sentado por la derecha (de bigote); junto a la esposa de Quiterio y hermana del sacerdote, el Siervo de Dios Constantino Rabadán; y, sentado a los pies del sacerdote, en el suelo, su sobrino Jesús Malagón, que entonces no tendría ni diez años. Terminamos esta serie precisamente con el Siervo de Dios Jesús Malagón Rabadán al que calificábamos en la primera entrega de “mártir del quinto mandamiento”.

Jesús había nacido en Urda (Toledo) el 14 de octubre de 1918, era el tercero de los ocho hijos que engendraron Quiterio y Antonia. Como su padre era carpintero. El dos de agosto había sido asesinado su padre y el cinco de agosto, su tío don Constantino Rabadán.

El 11 de agosto de 1936 escribe una carta a su novia Aurora, diciéndole que lo han avisado del comité para que se comprometa a matar a cierta persona de derechas (que además es un familiar lejano, llamado José Rabadán), con amenazas de muerte si no lo hacía.

La carta es sobrecogedora. En ella explica a su novia que se ha presentado uno en su casa, antes de que falleciese su padre, contando que lo habían obligado a matar a otro para conservar la vida y que pronto vendrían los milicianos a proponerle a él el mismo trato:

“…me dijo que venía a prevenirme porque seguramente iban a venir a por mí para que hiciera yo otra cosa igual, es decir que tenía que matar a otro en pocas palabras, yo le contesté que antes de ser un asesino prefería que me mataran a mí, que yo no llevaba sobre mi frente la mancha de haber matado a nadie aunque me mataran a mi…”

        Están escritas estas líneas ¡¡con 17 años!! Y termina diciéndole a su novia: “…yo no sé lo que me pasa cuando me pongo a escribirte, no hayo cuando dejarlo, son los únicos ratos que paso buenos, cuando leo tus cartas y cuando te escribo…”

Desde entonces - testifica su hermana - se preparaba a morir con lecturas como Quo vadis y Fabiola. Como si se tratase de una crónica anunciada, un mes después fue detenido, y finalmente asesinado en Urda el 13 de septiembre.

 

Cristo de Urda

Cristo de Urda

Iglesia parroquial de San Juan

Iglesia parroquial de San Juan

Pila bautismal

Pila bautismal

Cementerio de Urda

Cementerio de Urda

Cementerio de Urda

Cementerio de Urda

Cementerio de Urda

Cementerio de Urda