Miembro de la Cofradía del Rosario Perpetuo

Al referir el martirio de estas dos mujeres en Ocaña, manifiesto mi agradecimiento al P. Jesús Santos Montes, O. P., residente durante largos años en Ocaña y académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, por haberme facilitado estos datos de su archivo, que completan los que ya tenía yo.

Tomasa Medina González nació en Ocaña el 7 de marzo de 1891. Tanto su familia como ella misma, fueron profundamente religiosos. Se unió en matrimonio con Eduardo Candenas. Tuvieron dos hijos, Félix y Carmen. Félix, con 19 años en 1936, había iniciado la carrera de Medicina. Carmen, con 17 años, estudiaba piano en Madrid, y asistía a las clases de las Hermanas Dominicas.

Tomasa era de comunión diaria y estaba muy relacionada con la Comunidad Dominica de Ocaña; pertenecía a la Cofradía del Rosario Perpetuo. Fue también nombrada Maestra de Novicias de la V.O.T., esto es de las que deseaban ingresar en la Comunidad de Dominicas seglares.

En Ocaña fueron 194 los asesinados en los tres meses siguientes, la mayoría solo por sus convicciones cristianas. Casi todos habían sido encarcelados ya el 20 de julio. Y antes de finalizar el mes, comenzaron las ejecuciones. El marido de Tomasa, Eduardo, sería fusilado el 3 de agosto; el hijo, Félix, ya en la cárcel.

Las dos pobres mujeres quedaron solas y aterradas. La adolescente Carmen tenía en casa un piano para sus estudios musicales. El 17 de agosto irrumpen en la vivienda 15 milicianos con un papel del alcalde la villa, reclamando ese piano para su Casino o Casa del Pueblo. La chiquilla sugirió tímidamente que ya había uno allí. –“No importa. Lo necesitamos. Y además os comunicamos que mañana sacamos de la cárcel a Félix. Ya sabéis para qué”. A la noche siguiente Félix yacía cosido a balazos.
La madre y la hija quedaron aterradas, hundidas, esperando de un momento a otro su detención, sumergidas en la oración, dentro de su angustiosa soledad.

El momento llegó en la mañana del 22, cuando los milicianos aporrean la puerta gritando. Las dos mujeres saltan como pueden una tapia del patio interior, buscando refugio en una casa vecina, ocultándose bajo haces de leña; la madre con la pierna malherida en ese salto. Las milicias fuerzan la entrada y al no hallarlas dentro, las buscan en la vecindad y no tardan mucho en dar con ellas. 

        -No les hagáis daño. Son muy buenas, protesta una vecina.
        -¿Y qué? También lo es mi marido y le han obligado a luchar en el frente, responde una miliciana.

        Las suben a una camioneta entre insultos y malos tratos, que continúan durante el camino. Parece incluso que uno de ellos violó delante de su madre a la pobre chiquilla.

Poco más allá de Villatobas  (Toledo) las mataron. ¿Cómo? No parece que fueran fusiladas, sino degolladas. De hecho, cuando mucho más tarde se buscaron sus restos, apareció la cabeza de la madre cortada.

Así pues, la Fraternidad de Dominicos Seglares de Ocaña (Toledo) cuenta con el honor de tener una Sierva de Dios en sus filas. Y lo mismo se puede decir de los cofrades del Rosario Perpetuo del Ocaña, pues madre e hija pertenecían a una y otra.