Estudiante

Pablo Moraleda Navas nació el 2 de febrero de 1921 en Consuegra, en el seno de una cristiana familia de labradores acomodados. Penúltimo de siete hermanos y cuarto de los varones, - aunque el mayor murió siendo muy niño - adoraba a todos ellos y a sus dos abuelos, que convivían con ellos en la casa familiar.
Sobre los once años deciden sus padres, que observan en él grandes cualidades intelectuales, enviarle a estudiar el Bachillerato como interno en el Colegio de los PP. Escolapios de Getafe.

Con gran aprovechamiento académico, ve superados curso tras curso, al tiempo que se acrecientan también sus cualidades humanas y morales. Es querido en el colegio, en su ambiente familiar, entre sus vecinos, entre todos cuantos le tratan y con él conviven durante sus estancias en Consuegra con motivo de los períodos de vacaciones. Es servicial, atento, amable, cariñoso, fino con los demás.
Muy intensa fue su relación con los PP. Franciscanos de Consuegra, mantenida y aún acrecentada durante los años de colegial en Getafe. Dada la gran vinculación que su familia mantenía con el tan popular convento franciscano, Pablo fue monaguillo desde muy niño, asistiendo a las entonces tan tempranas misas diarias con puntualidad y presteza, y con los frailes comenzó y ultimó su preparación para recibir su Primera Comunión, lo que hizo, como antes todos sus hermanos, en la iglesia conventual. Fue el Padre Martín Lozano Tello, beatificado en el 2007, muy querido y tratado por la familia, quien más intervino en dicha preparación y quien le administró el Sacramento, manteniendo posteriormente con él un contacto, podría decirse de dirección espiritual, que no se interrumpió con su marcha a Getafe, pues en cuanto Pablo pisaba Consuegra y tras ver y saludar a la familia, ya estaba camino del Convento para ver y saludar al Padre Martín, repitiendo sus visitas día tras día para ayudarle y colaborar con la Comunidad en cuantas cosas fuesen precisas y estuviesen en su mano.

El 22 de junio de 1936 llegó Pablo a Consuegra un verano más y con un curso más aprobado con gran éxito y aplicación. Llegó además con el tiempo justo para asistir a la boda del mayor de sus hermanos, Ángel, que se celebró el día 24 en Consuegra y que sería la última ocasión en que toda la familia se viera reunida por tan feliz acontecimiento. Pronto la alegría y la felicidad darían paso a la tragedia en que, como tantas otras familias, se vio envuelta.

El 18 de julio, su padre y su hermano Ángel, recién casado, fueron detenidos y apresados en la iglesia de Santa María, convertida en prisión. Ángel había pertenecido desde muy joven al movimiento tradicionalista y era uno de sus más destacados miembros en la zona de La Mancha. Su padre, D. Dionisio Moraleda, tuvo una muy particular trayectoria y actuación durante esos cruciales años, que es preciso resaltar, pues a Pablo, aún tan niño todavía, le marcó mucho, le influyó en su formación y sirvió de base a la admiración y veneración que por él sentía.
Por circunstancias , muy graves y complejas y que no vienen al caso, que vivió durante la Dictadura del General Primo de Rivera, participó con buena fe y espíritu cívico en las elecciones municipales de abril de 1931 que dieron al traste con el régimen monárquico y dieron paso a la República. Con la misma buena fe y espíritu de colaboración con sus paisanos, aceptó el nombramiento como Primer Teniente de Alcalde en el equipo de gobierno que pasó a dirigir el Ayuntamiento de Consuegra tras dichas elecciones. Llegado mayo y las tristes jornadas de “la quema de los conventos”, D. Dionisio pasó dos días con sus dos noches de guardia continuada y contando con muy escasas personas a su alrededor a fin de evitar por todos los medios que en Consuegra pudieran producirse los desmanes, asaltos e incendios que tanto en Madrid como en otros puntos de España estaban asolando iglesias y centros religiosos e históricos. Tomó esta tarea como una responsabilidad propia, tanto como autoridad en aquellos momentos como en su calidad de ciudadano católico y civilizado. Existen muchas versiones sobre esta valiente y decidida actitud; puede ser que actuara por su cuenta, sin verse respaldado ni apoyado por el propio alcalde y el resto de concejales; puede ser que, si no colaboración, sí al menos no tuviese, en esas tan excepcionales circunstancias, oposición de los demás; puede que se encontrara con dicha oposición. El caso es que consiguió su propósito y, salvo algún enfrentamiento o incidente callejero, de los que también se dieron varias versiones, algunas contradictorias, no sucedió nada en Consuegra. En fechas sucesivas, cada vez el ambiente más enrarecido, viendo el derrotero que la política nacional iba tomando y, sobre todo, comprobando que sus relaciones dentro del Ayuntamiento iban deteriorándose cada vez más y que aumentaban las situaciones para él inaceptables e insuperables, presentó su renuncia irrevocable a estos cargos. 
Alejado completamente de la política, en 1932 fue Mayordomo del Cristo de la Vera-Cruz, Patrón de Consuegra, privilegio y honor al que muchos consaburenses siempre han aspirado y aspiran y que supone representar el espíritu religioso de la ciudad y su secular y tradicional devoción hacia el Cristo. El desempeño de dicha función y todo lo que conlleva, que Pablo vivió con sus once años de una forma muy intensa antes de volver al colegio, supuso también a D. Dionisio varias situaciones nada agradables, alguna de ellas relacionada con el sermón que en la función solemne del día 21 de septiembre pronunció el predicador que había traído a tal efecto, famoso por esos años en toda España, D. Castor Robledo, Canónigo Magistral de la Catedral de Ávila.

Pero volvamos a los postreros días de julio y primeros de agosto de 1936. Presos su padre y su hermano Ángel y ante la necesidad de proporcionarles diariamente los alimentos, fue una sirvienta de la casa la que comenzó a realizar dicha tarea. Pero Pablo quiere llevarla a cabo él, por si alguno de los días tuviera la ocasión y la suerte de poder ver a sus dos seres queridos; por realizar ese servicio; o por ser así él, en definitiva. Tanto empeño pone en conseguirlo, que su madre y hermanas mayores ceden y, todavía más angustiadas de lo que ya estarían, consienten que Pablo “lleve la comida” desde la casa familiar, atravesando por delante del parque público, hasta el citado templo de Santa María.
4 de agosto de 1936. Pablo, como llevaba haciendo ya tres o cuatro días, volvía de llevar la comida sobre la una y media del mediodía. Cuando va pasando con su cesta delante del citado parque, es disparado, alcanzado y mortalmente herido. Tendido en plena calle y a pleno sol de agosto, se va desangrando, sin que pueda precisarse exactamente, por existir varias y distintas versiones de testigos más o menos directos, cuando fue retirado de la vía pública y trasladado al botiquín o local de atención médica. Sólo se sabe que llegó al mismo ya moribundo y que se le oyó balbucir lo siguiente: “-Curarme, que tengo madre y hermanas” y “-Tengo sed”. Desde allí fue trasladado al cementerio municipal y enterrado en una fosa común. Descubiertos e identificados sus restos, reposan hoy, junto a los de su querido padre, en la cripta de Santa María. Dos días después, el 6 de agosto, fueron martirizados su padre y su hermano, junto a los cuatro Hermanos de las Escuelas Cristianas, hoy ya Beatos, de la Comunidad de Consuegra.


El Padre Chumillas, Guardián de la Comunidad de PP. Franciscanos, se encontraba ya esos días acogido en el domicilio de una familia amiga, como el resto de frailes, queriendo la providencia que dicho domicilio estuviese prácticamente al lado del lugar en que Pablo fue abatido. Estaban a punto de comenzar a almorzar cuando oyeron los disparos; al saber lo sucedido, intentó salir a confortar a Pablo y darle al menos la absolución, lo que fue impedido casi a la fuerza por la citada familia. Al día siguiente escribió a su madre Dª Eufrasia Navas, la carta tan conocida y divulgada y que de forma tan fundamental ha formado parte de la documentación del proceso de Beato Víctor Chumillas.

A lo largo de esta serie nos hemos apoyado en la investigación realizada por el vicepostulador de los PP. Franciscanos, el Rvdo. P. Marcos Rincón y en su obra publicada en 1997 “Testigos de nuestra fe” en las páginas 444-445 encontramos el siguiente documento.

Desconsolada señora: Por si puedo llevar un átomo de consuelo a su atribulado corazón, le escribo estas letras que son el testimonio del sentimiento del mío.
Si la paz de España, si el Reinado del Corazón de Jesús ha de venir después de muchas víctimas y sufrimientos, ciertamente que V. y su familia se podrá gloriar de que han contribuido a dicho triunfo con lo más querido de su corazón, en la inmolación de un hijo inocente cuyo sacrificio acepta el Señor en lugar, quizá del de un padre o de un hermano encarcelados y perseguidos por la justicia.
Mirado a los ojos del mundo, el suceso de ayer es una desgracia inmensa que clama al cielo, una pérdida irreparable… Cierto. Pero en estas circunstancias tan graves no es precisamente la voz de la carne la que debemos oír y escuchar, sino la de la fe que nos dice que el morir por Dios y por la Patria es una gloria, es un honor, y el morir por tan justa causa es un martirio verdadero que lleva consigo como premio la inmediata entrada del alma en la eterna gloria. ¿Y quién duda que un dulce hijo inocente ha tenido otra causa para morir como un corderito? Pero a esto se añade que es también mártir de la piedad filial. El venía de honrar a su padre y a su hermano, de cumplir con valentía cristiana con el cuarto mandamiento de la ley de Dios, mientras que un pobre ciego, desgraciado, quebrantaba gravemente el quinto, quitándole una vida preciosa que sólo es de Dios. 
… porque la sangre de un hijo unida, mezclada con la de N.S. Jesucristo que por nosotros la derramó toda, es también redentora por la virtud que ésta le comunica.
Si quiere creerme siento envidia de Pablito y de buena gana me hubiera puesto en su lugar. ¡Sea lo que Dios quiera! Acatemos humilde y resignadamente los altos designios de Dios N. Señor. Por si tenía algo que purgar, aunque su muerte le exime de Purgatorio, lo encomendaré a Dios.

Fr. Víctor Chumillas (El Padre Chumillas recibió la palma del martirio,
días después, el 16 de agosto de 1936.
Fue beatificado el 28 de octubre de 2007)

El Beato Martín Lozano, franciscano de Corral asesinado con el Beato Víctor Chumillas, se encontraba el 6 de agosto refugiado en casa de las hermanas Moreno. El padre Martín que tenía gran amistad con la familia del Siervo de Dios Pablo Moraleda Navas envío esta carta a la madre  (“Testigos de nuestra fe” (Madrid 1997) pp. 436-437).

Consuegra 6 de agosto de 1936
Sra. Eufrasia

Con profundo dolor y el corazón ahogado de pena tomo la pluma, ¿para qué?, ¿para consolarla? En lo humano no cabe consuelo, pues el dolor y angustia de esa casa y la mía son inmensas como el mar. Pero soy sacerdote y elevo mis ojos al cielo y veo a los ángeles sobre esa familia con coronas para coronar a los mártires que han de honrarla para siempre.

Objeto sois de santa envidia porque Dios os ha escogido como víctimas expiatorias por los pecados de España y siempre mereceréis bien de la Religión y de la Patria. Y ¿qué decir de mi Pablito? Un ángel del cielo, víctima inocente, como el inocente Abel inmolado en el Parque Público, como en un lugar público, en el Calvario, fue inmolado Jesucristo; agonizó y murió a la misma hora que Jesús, desde la una y media a las tres de la tarde. La sangre del niño, derramada en un parque público, clama mejor que la de Abel, clama como la de Jesucristo, no venganza, sino perdón, perdón para el que la inmoló.

Yo fui uno de los primeros que lo supe. Juan Manuel Ruiz, testigo de vista de la trágica escena, pálido de dolor y derramando lágrimas, se abrazó a mí diciendo: -¡P.Martín: Pablo ha sido asesinado! Y entonces pensé que aquel Dios que tomó posesión de su pecho cuando yo le administré la Sagrada Comunión, le había acogido en su gloria para cantar entre los ángeles sus eternas alabanzas.
Abandonada, como parece, de lo humano, no se crea abandonada de Dios, porque precisamente en esta prueba le escoge para hacerla participante de la cruz de Su Divino Hijo Jesús.

Yo, en tanto, como sacerdote, ofreceré esa familia al Eterno Padre para que aplaque su ira y abrevie el tiempo de la tribulación.

¡Paz y Bien!
A 5 de agosto de 1936
Sra. Dª Eufrasia Navas
Consuegra

Martín Lozano, O.F.M (El Padre Lozano recibió la palma del martirio, días después, el 16 de agosto de 1936. Fue beatificado el 28 de octubre de 2007)

 

 

Colegio de los PP. Escolapios. Getafe (Madrid)

Colegio de los PP. Escolapios. Getafe (Madrid)

Patio del convento de los PP. Franciscanos

Patio del convento de los PP. Franciscanos

En la cripta de Santa María están los restos mortales del Siervo de Dios Pablo Moraleda Navas. Un cuadro recuerda a los allí enterrados.

En la cripta de Santa María están los restos mortales del Siervo de Dios Pablo Moraleda Navas. Un cuadro recuerda a los allí enterrados.

Cristo de la Vera Cruz

Cristo de la Vera Cruz