Sacristán de la parroquia de Los Yébenes (Toledo)

Natural de Los Yébenes (Toledo), había nacido el 8 de diciembre de 1886. Casado, había ocupado un cargo municipal, cuando estalla la guerra Don Julián era sacristán de la parroquia de Santa María la Real de Los Yébenes.

En la mañana del 24 de julio el sacristán salió en defensa del coadjutor de la parroquia, Don Félix Calleja Blas, amenazado por las milicias. Don Félix supo que otro sacerdote había resultado herido de un disparo por las milicias. Se trataba de Don Cipriano Santos Díaz-Varela, que posteriormente también sería asesinado y que atendía pastoralmente una finca privada como capellán. Al comprobar que Don Cipriano no recibía asistencia médica, se dirigió al comité para reclamar. No llegó. A los pocos metros le disparaban las milicias, y, aunque se rehizo y pudo refugiarse en su casa, murió allí desangrado a las pocas horas.

Al enterarse Julián del asesinato del sacerdote, y entonces, previendo lo que le iba a ocurrir a él, se presentó a su madre, entregándole unos papeles y un reloj. Salió y a los pocos metros se topó con unos milicianos, a los que dijo: - Así no se mata a los hombres, refiriéndose a Don Félix. Como respuesta frente a la misma iglesia de Santa María, le dispararon a él. Estuvo agonizando en la calle más de una hora, sin permitir los verdugos a personas o familiares o personas ajenas que se acercarán y prestarán auxilio. Ya de noche lo llevaron en un volquete al cementerio. Era el 24 de julio de 1936, vísperas de la fiesta de Santiago. Julián tenía 50 años.