Tesorero de Acción Católica

Luis Díaz Plaza trabajaba desde crío como dependiente en la fábrica de chocolate La Favorita, situada en el nº 6 de la Calle de la Soledad de Fuensalida. Miembro destacadísimo de la Acción Católica, tenía el cargo de Tesorero.

Ya, en los primeros días de la guerra, el propio Luis contó un suceso muy renombrado que pasó antes de que fuese asesinado. Era domingo y estaban paseando Luis y su novia con otra pareja. Se encontraban por una pared del antiguo cementerio cuando salieron a su paso 6 ó 7 hombres que quisieron que se quitara la insignia de Acción Católica de la que era ferviente activista. Él les dice que no, que cuando ellos se quiten su brazalete rojo, él se quita la insignia… que sí, que no… así unas cuatro veces…

Retiraron al otro joven y a las chicas, apartándolas con violencia, las tiraron al suelo; entre todos le dieron una paliza a Luis, al cual no lograron quitarle su insignia. Esta insignia, como una auténtica reliquia, está colocada en el Sagrario del altar mayor de la Parroquia de San Juan Bautista de Fuensalida. Después se lo llevaron detenido al Comité y por el camino le dijeron que echase a andar por delante. Mientras le pegaban culatazos y disparaban al aire.

Una testigo declara que cuando Luis se lo contó no demostraba ningún rencor, sino que con sencillez explicaba que en aquellos momentos iba preparándose para la muerte. Y que ella, que entonces contaba 13 años de edad, vio los moratones que Luis le mostró. Después a los dos o tres días le vio pasar entre dos milicianos, por delante de su casa y le dijo con un tono que denotaba claramente tintes trágicos de despedida: ¡Adiós, Carmen!

Luis, después de ser detenido la primera vez, nunca declaró quien o quienes le habían pegado (que se encontraba uno al cual le había hecho un gran favor) y que deseaba que su novia no guardase rencor contra nadie.