Miembro de Acción Católica de Mora (Toledo)

Había sido el segundo presidente del Centro de la Acción Católica de Mora de Toledo. Emilio había dejado la presidencia al contraer matrimonio muy poco antes de su muerte. Estaba empleado en un negocio. Pero si nominalmente había dejado de pertenecer a la Juventud, por su edad -veintinueve años-, y por su espíritu, seguía estando dentro de ella. Comulgaba cada día, y confortado en el Señor, la alegría era la tónica de su carácter.

Triunfó el 3 de agosto de 1936 y uno de los que presenciaron su muerte contó después: “En el momento en que le iban a fusilar, cruzó las manos sobre su pecho. Viendo esta actitud, los verdugos le gritaron que las quitara, y contestó que él moría así porque era católico. Cayó dando vivas a Cristo Rey”. La carretera de Mora a Huerta de Valdecarábanos (Toledo) fue el escenario de su muerte.

Emilio, era hermano de don Joaquín González de la Llana, que ejercía como coadjutor en Mora de Toledo y Consiliario de la Acción Católica. Consiguió ponerse a salvo y regresó a Mora al finalizar la guerra, incorporándose provisionalmente en sus tareas con la Juventud de la Acción Católica, aunque enseguida fue nombrado párroco de Cazorla (1940-1943). Al regresar a la provincia de Toledo fundará en Sonseca a las Dominicas Siervas del Cenáculo, para orar y colaborar con los sacerdotes. Murió en 1952.

El 3 de enero de 1935 podemos leer en “El Castellano” la noticia de la bendición de la bandera de la Juventud Católica del Centro de Mora de Toledo, uno de los centros más activos y que contará con un buen grupo de mártires en la persecución religiosa que se avecina. En diferentes entregas hemos presentado las reseñas de los Siervos de Dios Ambrosio Gómez (79); Pablo Arias (89); Antonio Candelas (90) y Mariano Carrillo (91). Continuamos en las próximas semanas con las que faltan.

El día de la bendición de la primera bandera de la Juventud Católica de Mora fue obtenida esta fotografía de inapreciable valor. En el centro aparece el Siervo de Dios Antonio Gutiérrez, Consiliario diocesano y, a su izquierda, don Agrícola Rodríguez, cura ecónomo de Mora, ambos mártires de la persecución. El otro sacerdote es don Joaquín González, primer Consiliario del Centro. Junto a ellos, Antonio Rivera, Presidente de la U. D., y Emilio González de la Llana, presidente de la J.C. de Mora. En el grupo están los que, como Emilio, forman parte la corona martirial de Mora.

Por la mañana, nos explica la crónica de “El Castellano”, hubo misa de comunión general, que celebró el Consiliario de la Unión Diocesana  de las Juventudes Católicas de Toledo, don Antonio Gutiérrez. Se acercaron a la Sagrada Mesa más de 120 jóvenes.

A las diez celebró una misa solemne el párroco, don Agrícola Rodríguez. Actuó la “ScholaCantorum” de la Juventud Católica, acompañada del sexteto del Centro y cantaron brillantemente la “Misa tertia” de Haller. Antes de la Misa se bendijo la bandera, costeada por suscripción popular… A las tres y media de la tarde, los jóvenes juraron la bandera y se les impuso las insignias. El párroco les dirigió una breve alocución al imponérselas, animándoles a proseguir con valor y entusiasmo la obra comenzada. El consiliario de la Unión Diocesana tuvo la oración sagrada, haciendo resaltar la castidad como la virtud, base y fundamento del Apostolado en los jóvenes. También los aspirantes oyeron más tarde los consejos y advertencias del consiliario y presidente diocesano.
La crónica que “El Castellano” publicó narrando la jornada del 3 de enero de 1935 termina, tras explicar con detalle la velada literario-musical que tuvo lugar en el salón de actos del Colegio Teresiano, afirmando que “por el entusiasmo y recta formación que van mostrando los jóvenes católicos de Mora, puede esperarse de este naciente Centro de Juventud Católica grandes frutos, que con el debido tiempo hagan de él uno de los primeros Centro de Juventud Católica de la Diócesis”…

Solo hubo que esperar un año y medio para comprobar que de entre los apellidos citados en la cita festiva de aquella tarde: E. Herreros, E. G. de la Llana, H. de la Cruz, J. Villarrubia, J. Antolí, J. Gómez, P. Herrero, Muñoz, Gómez, Carbonell, García, López, Tapiador, Martín y Redondo… muchos entregarían la vida como rezaba la letra de su himno: “Ser apóstol o mártir mis banderas me enseñan a ser”. En la fotografía podemos ver la lápida que fue colocada en el Centro “con los nombres de los que cayeron por una España mejor”.

Ese mismo año de 1935, y durante varios días del mes de marzo, se anuncia el “Día de las Juventudes Católicas de Mora”. Concretamente el 23 de marzo puede leerse: “Ha quedado constituido en este centro (de Mora) el segundo grado de Sección de Piedad, con jóvenes que comulgan diaria o semanalmente”.

El lunes 25 de marzo de 1935 el titular del periódico afirma: “Se celebra con gran brillantez el “Día de las Juventudes Católicas” en Mora”… Asistieron muchos jóvenes de los pueblos comarcanos: Torrijos, Sonseca, Orgaz, Guadamur, Talavera de la Reina, Totanés, Madridejos, Chueca, Gálvez, Villanueva, Yébenes y Marjaliza… se adhirieron Consuegra, Fuensalida y Villa de Don Fadrique.

El día anterior hubo un retiro espiritual que dirigió el consiliario de la Unión Diocesana, don Antonio Gutiérrez… el domingo por la mañana, en la iglesia parroquial, se celebró una misa de comunión general, en la que se acercaron a la Sagrada Mesa más de 300 jóvenes. A las once y media, en el Teatro Principal, tuvo lugar un acto de propaganda a cargo del presidente y del vicepresidente de la Unión Diocesana. Antonio Rivera afirma que “felizmente las organizaciones de Acción Católica se van extendiendo rápidamente por la diócesis, conviene tener ideas muy claras sobre sus relaciones con la política, para evitar posibles confusiones con las organizaciones de matiz político que existen”.

Tras desarrollar extensamente los actos celebrados a lo largo de la jornada la noticia de “El Castellano” termina así: “En resumen, una serie de actos evidenciadores todos ellos del despertar juvenil católico en las comarcas de Toledo, La Mancha y Ocaña. Quiera Dios que sean precursores de un pronto y eficaz florecimiento de la Juventud Católica en dichos Arciprestazgos”.

Gracias a Germán Redondo, quien a finales de los años cincuenta ocupa el cargo de secretario del Centro de la Acción Católica de Mora, conservamos la profusión de datos con los que Alejandro Fernández Pombo publica en 1957 el libro-homenaje “25 años de Juventud (1932-1957). Crónica de los Jóvenes de Acción Católica de Mora de Toledo”. En sus páginas encontramos la información necesaria para pergeñar estas líneas sobre los últimos jóvenes de este Centro candidatos a ser beatificados.