PEDRO VÁZQUEZ RUEDAS
Párroco de Santiago (Madrid)

El 12 de marzo de 1938, todavía faltaba un año para el fin de la Guerra Civil española, el delegado apostólico del Santo Padre en España, monseñor Ildebrando Antoniutti desde San Sebastián envió una circular a todos los obispos españoles para preparar «la redacción de una monografía, en que se refiriesen, en forma autorizada y verídica, los daños de todo género, causados por la revolución en cada una de las diócesis españolas». Y para encarrilar la subjetividad de cada uno de los obispos se predeterminaba el cuestionario, con el título «Relación de los hechos ocurridos con motivo de la guerra por el levantamiento cívico-militar de 18 de Julio de 1936. Diócesis de...». Tres años después, monseñor Gaetano Cicognani, que ocupó la Nunciatura el 18 de junio de 1938, será quien recoja los cuestionarios. En dichas relaciones se detallaban en cinco apartados (cuestiones generales, personas, cosas sagradas, otros bienes de la Iglesia y culto) todo lo referido a la persecución religiosa.
La Postulación acaba de recibir el cuestionario de la parroquia madrileña de Santiago. Allí se encontraba residiendo nuestro protagonista, que se había trasladado a vivir con su sobrino a la capital de España. En el informe podemos leer: “El único sacerdote asesinado desde el 18 de julio al 28 de marzo de 1939 ha sido don Pedro Vázquez, capellán de esta parroquia de Santiago de Madrid, procedía de la diócesis de Toledo, fue sacado de su casa, llevándole a una checa, apareciendo al día siguiente en el Depósito judicial. Se ignoran más detalles”.

Es sobrecogedor que casi 80 años después de estos sucesos podamos reconstruir los hechos acaecidos en base a la documentación (que por supuesto yace recogida en tantos archivos). La Causa General nos lleva a conocer los detalles de lo vivido por este sacerdote en las últimas semanas y en los últimos momentos de su vida.
Don Pedro nació en Toledo en 1880. Tras estudiar en el Seminario Conciliar de la ciudad Imperial, “El Castellano” del 28 de septiembre de 1905 nos cuenta que “el presbítero don Pedro Vázquez y Ruedas, celebrará por vez primera el Santo Sacrificio de la Misa el dos de octubre de 1905, a las diez de la mañana, en la Iglesia de Santa María Magdalena de Toledo… fueron padrinos de honor Dª Josefa Ruedas y Prados y don Isaac Vázquez y Ruedas, licenciado en Derecho y Registrador de la Propiedad en el partido de Escalona, madre y hermano, respectivamente, del celebrante”.
Antes de ocupar, en 1914, una de las plazas como Capellán de la Real Capilla de Reyes Nuevos en la catedral Primada de Toledo estaba destinado en Brihuega (Guadalajara). En “El Castellano” del 28 de enero, de ese año de 1914, podemos leer con motivo de la fiesta de San Antón: “el nuevo ecónomo de esta parroquia de Santa María y muy ilustrado sacerdote don Pedro Vázquez Ruedas, hizo un buen panegírico del santo, justamente elogiado. El Sr. Vázquez, desde que hizo su entrada en esta localidad, ha sabido captarse generales simpatías y cumpliendo sus deberes parroquiales, no falta a la cabecera de los enfermos y con verdadera unción religiosa conforta el ánimo de este vecindario, dirigiendo con frecuencia la divina palabra y practica con hechos la caridad”.
Durante dos décadas trabajó en la catedral de Toledo.
Es Paula de la Puente, portera del nº 2 de la calle madrileña Duque de Rivas, quién nos explica qué pasó en el otoño de 1936: “su esposo Protasio Moreno Sánchez; de profesión, portero mayor de la Biblioteca de Palacio Real; y de 62 años, con domicilio en Duque de Riva, 2; fue detenido, el 11 de octubre de 1936, a las cuatro de la tarde por tres milicianos de la FAI, que esperando en un coche en Concepción Jerónima lo llevaron junto con don José Luis de la Presa, médico y don Pedro Vázquez Ruedas, sacerdote. Habiendo ingresado (cadáver) junto con sus dos compañeros a las diez y media de la mañana del día 12 de octubre del mismo año por certificado que enseña, en el Depósito judicial de Santa Isabel, como aparecidos muertos por herida de arma de fuego en la Dehesa de la Villa”.
Felipe Fernández y Bonifacio Junquera declaran que “creemos que estos asesinatos tuvieron como origen la delación hecha por la cocinera Ángela Giménez a los individuos de la FAI (en la amistad que la tal individua tenía con los de la FAI, que desde el principio del movimiento tenían ocupado el Palacio del Sr. Marqués de Viana, y a los que visitaba varias veces al cabo del día), cuyos sujetos vinieron derechos a registrar la carbonera del Sr. de la Presa en donde éste había mandado al portero esconder dos cálices, propiedad de su tío don Pedro…

…No queremos dejar de hacer constar también, que tanto el sacerdote don Pedro Vázquez Ruedas, como su sobrino don José Luis de la Presa, habían sido detenidos ya otras dos o tres veces. Y que, en el momento en que se estaba llevando a cabo el registro de la carbonera, donde estaban escondido los cálices, ambos llegaban de una checa de la que les acababan de poner en libertad.