Coadjuntor de Talarrubias
El sacerdote Antonio Risco, que logró salvarse de la persecución religiosa, fue capellán de las clarisas de Siruela (Badajoz) hasta finales de la década de los 40. Según los testigos a este anciano sacerdote se le permitió seguir viviendo porque era atendido por una tal Benita, cuyo marido era uno de los principales del Comité. Se conserva un dietario de su propiedad, al que ya nos hemos referido en otras ocasiones, en donde encontramos mucha información de lo sucedido en aquellas tristes jornadas. Así escribe:

En septiembre “Caedes Joseph Acedo (coadj. Talarrubias) cum aliis duodecim gitaronum” (es asesinado José Acedo (coadjutor de Talarrubias) junto a doce gitanos)…

El Siervo de Dios José Acedo era natural de Siruela (Badajoz) y había nacido el 17 de marzo de 1904. Tras realizar sus estudios en el Seminario-Universidad Pontificia de Toledo, el 17 de febrero de 1929, recibió la ordenación sacerdotal. De esos años es la fotografía que se conserva. Entre sus primeros destinos figura la parroquia de Pioz y Pozo, dos pueblecitos de Guadalajara, donde ejerce de ecónomo.

Regresará a tierras extremeñas para ser nombrado coadjutor de la parroquia de Santa Catalina de Talaburrias (Badajoz) del arciprestazgo pacense de Puebla de Alcocer. Don Juan Francisco Rivera en su obra “La persecución religiosa en la diócesis de Toledo” recuerda que el párroco de esta localidad se llamaba don Andrés Prieto Martín y que encontrándose muy achacoso y enfermo, había obtenido dispensa de residencia durante un año. Habiéndose trasladado a Herrera del Duque, desde noviembre de 1935, terminó falleciendo de muerte natural.

Así que en los meses siguientes, el joven sacerdote se encontró sólo al frente de una parroquia de más de cuatro mil habitantes.

Al estallar la Guerra Civil española los lugares de culto fueron incautados desde el 19 de julio. La primera labor de los marxistas, tras crear varios comités revolucionarios, fue la de recoger las armas que hubiese en el pueblo y detener a las personas que consideraran enemigas. Detuvieron a más de cien personas, siendo muchas de ellas, posteriormente liberadas, hasta quedar reducidos a 29 el número de detenidos. También el Siervo de Dios sería apresado en los primeros días del mes de agosto. Llevado al Ayuntamiento, fue conducido a declarar a la iglesia parroquial, donde los dirigentes locales habían instalado el tribunal. Tras la farsa fue encerrado en la capilla de la Virgen del Carmen.

Tras ser detenido, el Siervo de Dios quedó preso en la capilla de la Virgen del Carmen. Antiguamente, era denominada Capilla de “Nuestra Señora de la Paz  y San Ildefonso”, fue construida en el año 1792. Aquí permaneció hasta el 28 de agosto, día en que a las tres de la tarde los veintinueve prisioneros fueron trasladados al cementerio viejo, cercano al pueblo, y allí fusilados. Parece que tan pronto como advirtieron que se acercaba la hora del fusilamiento, en la cárcel, don José confesó  a los que con él se encontraban y les administró la Sagrada Comunión con un trozo de pan allí mismo consagrado. Por referencia de los verdugos, parece que murió dando vivas a Cristo Rey; así como que una miliciana, asistente a la ejecución, fue quien le dio el tiro de gracia.

El 13 de marzo de 1940 se exhumaron los restos de los asesinados de las varias zanjas en las que yacieron tras la ejecución y se les dio sepultura en la capilla del Carmen que pasaría a llamarse “Capilla del Carmen de los Mártires”.

Recordamos para terminar como la obra vandálica llevada a cabo en Talarrubias empezó el mismo 19 de julio: destrozando el órgano y los altares, mutiladas las imágenes, decapitaron la de Jesús Nazareno, y luego quemadas y distribuidos y rotos los ornamentos para prenda de vestir, la desolación fue tan completa, que al final de la guerra no quedó ninguna imagen que pudiese ser restaurada… El archivo parroquial sufrió la misma destrucción, habiéndose conservado tan sólo tres libros de bautismo y algunos tomos de defunción.

Las seis campanas, arrojadas desde la torre, quedaron rotas por la fuerza del golpe; según se dijo, las llevaron hasta el ferrocarril y nunca más se supo.
Otro episodio profundamente doloroso fue la profanación del Tabernáculo. Como el templo quedó inesperadamente cerrado, el Sagrario fue violentado y el copón, que contenía alrededor de cien sagradas Formas, fue arrebatado por una mujer que arrojó el Copón a la pila bautismal, después de haberse guardado las Formas consagradas en el bolsillo, con las que, ridiculizando los actos del culto, simulaba dar la comunión al repartirlas entre los que se encontraba.


Capilla del Carmen de los Mártires (Talarrubias)