Párroco de Santa Cruz de Retamar (Toledo)

 

La villa de Santa Cruz del Retamar (Toledo) es ejemplo de lo que sucedió en muchos de nuestros pueblos: la parroquia fue regida en el primer tercio del siglo XX por santos sacerdotes que luego regaron con su sangre nuestra bendita Archidiócesis. De 1903 a 1912 la parroquia del Triunfo de la Santa Cruz tuvo como ecónomo al Beato Saturnino Ortega Montealegre, beatificado en 2007, que luego fue martirizado siendo párroco de Santa María y arcipreste en Talavera de la Reina. Tras él, fue administrador de 1912 a 1918 don Juan del Moral de la Plaza, quién en los días de la persecución ejercía como coadjutor de la parroquia toledana de los Santos Justo y Pastor, derramando su sangre en el Paseo del Tránsito.

Antes de ser destinado a Ocaña, el Siervo de Dios Juan del Moral aparece en una breve crónica en “El Castellano” del 21 de junio de 1915. La nota nos interesa porque por entonces ya estaba de coadjutor uno de los dos sacerdotes martirizados en Santa Cruz: “Con más solemnidad que en años anteriores se ha celebrado la Novena de los Sagrados Corazones. El altar mayor estaba primorosamente adornado con plantas naturales, y en todos los cultos presidió Su Divina Majestad manifiesto. El día 11, después de la Comunión general, que fue numerosa, se tuvo la función, en la que ofició de Preste nuestro virtuoso Coadjutor D. Martín González Ávila, y ocupó la Sagrada Cátedra el celoso e incansable Ecónomo Sr. del Moral…”.

Es verdaderamente hermoso que una crónica, aunque sea de un periódico católico (de hecho de otros sacerdotes no se encuentran tales descripciones), califique a un sacerdote de “virtuoso” o de “celoso e incansable”… ¡en el año 1915!... y, luego saber que esos mismos sacerdotes, veinte años después, fueron fieles hasta el martirio.

Pero todavía resulta absolutamente más estremecedor escuchar, con una lucidez asombrosa, los mismos calificativos a los que fueron testigos de la vida de estos fieles sacerdotes.

Hacia los años veinte regentaría la parroquia el Siervo de Dios Carlos Alcocer Corralo que junto a su coadjutor, el Siervo de Dios Martín González Ávila, serían sacrificados en los últimos días de julio de 1936, nada más iniciarse la persecución religiosa.

El Siervo de Dios Carlos Alcocer Corralo era natural de Albalate de Zorita (Guadalajara), nació el cuatro de noviembre de 1873 y fue ordenado por el Beato Ciriaco María Sancha el 17 de diciembre de 1898. Desde los años 20 ejerce de párroco en el pueblo toledano de Santa Cruz del Retamar.

Por su parte, el Siervo de Dios Martín González Ávila nació en Consuegra (Toledo) el 30 de enero de 1870. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de marzo de 1896. Después de varios destinos, fijo su residencia en la parroquia de Santa Cruz del Retamar, ejerciendo desde principios de los años diez de coadjutor de la misma.

Un testigo, que fue monaguillo de la parroquia del Triunfo de la Santa Cruz y que por lo tanto asistía a los dos sacerdotes, recuerda que: “Don Martín tenía mucho carácter… pero que el párroco, don Carlos, era más callado. Cuando estalló la guerra, fue detenido primero el párroco. Era el 26 de julio de 1936”.

Los milicianos sacaron a Don Carlos de la casa parroquial en mangas de camisa y descalzo. Lo llevaron camino del cementerio, suspendiéndole de un olivo. Allí le torturaron durante largo tiempo hasta dejarlo moribundo. Finalmente dispararon sobre él.

Al día siguiente (27 de julio) fueron en busca de don Martín. Le sacaron de su casa con la excusa de ir a declarar. Ya en la calle, comprendiendo el engaño, el Siervo de Dios se volvió a su casa. Entonces dispararon sobre él, cayendo herido. “-¿Me vais a matar -les decía- habiéndoos yo bautizado y casado a algunos y enseñado el catecismo a vuestros hijos?... Virgen de la Paz, ampárame".

Entretanto ellos le insultaban y volvieron a disparar. Agonizante le echaron en un carro, llevándole al cementerio. Al pasar por la cooperativa una del pueblo, a la que llamaban “la tía bicheja”, dijo a voz en cuello: “-Aprieta al chivo que este ya no canta”. En el camposanto se sento, a duras penas, en una sepultura y allí le remataron, echándole a la fosa en que yacía el párroco desde el día anterior.

Después de permanecer separados en tumbas individuales reposan desde hace años en una sola tumba en el cementerio municipal de Santa Cruz del Retamar, junto a una cruz que siempre ha estado junto a sus cuerpos.

Iglesia de Santa Cruz de Retamar

Iglesia de Santa Cruz de Retamar

Cementerio municipal de Santa Cruz del Retamar

Cementerio municipal de Santa Cruz del Retamar