Ecónomo de la iglesia de Calera y Chozas (Toledo)

 

Natural de Fuensalida (Toledo), nació el 30 de enero de 1872, y se ordenó de sacerdote el 30 de marzo de 1895.

Entre sus primeros destinos don Martín había ejercido el ministerio en el pueblo toledano de La Mata y San Pedro (Don Julio Muñoz Cuesta, actualmente decano del presbiterio de Toledo, cuando estalló la guerra tenía 22 años y estaba en los últimos cursos de  los estudios eclesiásticos. Don Julio recuerda perfectamente al Siervo de Dios que le pedía que acudiese durante los veranos a Calera para dar clase a alumnos que lo necesitaban).

Unos años antes de que estalle la guerra le encontramos en Calera y Chozas (Toledo) allí le sorprenderá la persecución religiosa.

Los testigos declaran que ya en la Semana Santa del 36 cuando sacaron los pasos del Cristo y de la Virgen se produjeron ciertos altercados para impedir que salieran las imágenes. Las mujeres salieron al frente pero los sacerdotes fueron agredidos. La guardia civil salió a caballo para disolver el altercado.

Las notas mecanografiadas de don Juan Francisco Rivera Recio destacan que don Martín “fue multado por las autoridades. Ante los continuos abusos que se hacían en la casa rectoral, optó por salir de ella, refugiándose en la casa del sacristán. Su coadjutor, don Pablo Zaba Marina, que vivía con su madre en la primera planta de la casa parroquial, pudo librarse de la muerte con que le amenazaban por hallarse en esos días ausente de Toledo. Luego sirvió como capellán castrense”.

En una publicación conocida como el “Tercer avance del informe oficial” editado en otoño de 1936, aparece un documento fechado el 23 de septiembre, que narra los siguientes hechos:

“En este pueblo se organizaron las matanzas izquierdistas el 19 de julio. Fue uno de los más castigados, tanto por los horrendos crímenes cometidos, como por los saqueos.

Al ser detenidos, los presos eran martirizados horriblemente en presencia de sus familiares… En la cárcel su vida era inhumana, sin alimentos, sin agua, agonizando de sed y sufriendo sistemáticas palizas con barras de hierro.

Se guardaba en este pueblo una colección de obras de arte, dejadas en depósito hace cuarenta años por el Estado Español… los marxistas destrozaron por completo la preciosa colección.

…Debe citarse el caso de que los niños de 10 ó 12 años eran llevados a la Iglesia destrozada, convertida en almacén y en escuela atea, donde improvisados maestros sin pudor hacían burla y escarnio de las imágenes sagradas pintando en ellas signos obscenos para pervertir a las criaturas...”

Los testigos, que aún viven, confirman como la sacristía hacía de prisión, en ella se hacinaban más de treinta hombres; y, en el centro de la iglesia, habían amontonado las imágenes destrozadas a hachazos y los retablos que ya habían sido arrancados. En la puerta de la calle habían colocado la imagen del Santísimo Cristo de Chozas (En la obra de PORRES DE MATEO, J., RODRÍGUEZ DE GRACIA, H. y SÁNCHEZ GONZÁLEZ, R., Descripciones del Cardenal Lorenzana, (Toledo, IPIET, 1986) podemos leer en la página 151: en “el lugar de Chozas ay en ella una imagen de Jesuchristo con la cruz a cuesta, de estatura de dos varas de bulto, de un semblante y aspecto respetoso, mui milagroso; y cada día están experimentando los pueblos de la comarcar beneficios de su Magestad, por lo que de continuo vienen a dar las gracias al Santísimo Christo de Chozas (que esta es su advocación)…”.

A raíz de los sucesos de 1808-1809 (la afrancesada) el lugar de Chozas quedaría muy mal parado así como su iglesia; la imagen del Cristo así como sus alhajas y enseres litúrgicos fueron llevados al final de la Guerra a la iglesia parroquial de Calera, por decisión del Tribunal Eclesiástico de Toledo. La venerada imagen fue llevada a Calera hacia 1825, o posiblemente en el año 1826 cuando se hace el traslado del retablo de su iglesia (GRUPO INVESTIGACIÓN “CALERA 1809”, Calera 1809: un pueblo toledano en la Guerra de la Independencia (Toledo 2009), págs.. 39-44).para que velase por los presos, vestido de miliciano portando un fusil (en lugar de la cruz) para mayor escarnio.Como ya dijimos antes, los milicianos se ensañaron con el párroco, le multaron y le expulsaron de la casa rectoral. Don Martín se fue a la casa del sacristán, Francisco Hita Varela, quién junto a su esposa Juliana Rodríguez, acogen al Siervo de Dios. Pero pronto fue detenido y encarcelado a lo largo de un día. Puesto en libertad volvió a la casa del sacristán. Dos o tres días después volvieron a encarcelarle hasta el 7 de agosto. La última vez, el nieto del sacristán que apenas contaba 4 años de edad recuerda la escena de tremendo dolor. El sacerdote instó a Francisco que “no dejara abandonada la Iglesia” y se despidió de ellos dándoles un abrazo y rogando que rezaran por él.

El Siervo de Dios Martín Álvarez fue asesinado con don Fructuoso Garrido Moreno. Don Fructuoso junto a su esposa Águeda Carrasco habían sido padrinos de los casi 1.500 niños que fueron confirmados por el Cardenal Segura el 16 de abril de 1930, en la visita que realizó a Calera. Don Fructuoso, era un funcionario jubilado que desde Madrid había regresado a su pueblo; un hombre bueno… deseamos dejar constancia de su nombre, aunque por desgracia como el de tantos otros, sobretodo seglares, no figure en nuestro Proceso.

Los dos fueron fusilados y arrojaron sus cuerpos al río Tajo. La orografía y el paisaje del río han sufrido una gran trasformación especialmente con la construcción del pantano de Azután. La Central Hidroeléctrica de Ciscarros (Agradecemos a doña Araceli Rodríguez Bodas que nos ha facilitado una foto del famoso cajón de  Ciscarros, en las proximidades de Aldeanueva de Barbarroya (Toledo). Se trataba de un cajón conectado con las dos orillas, mediante un cable, que fue muy utilizado para pasarse de un bando a otro sobre el río Tajo. La fotografía nos permite ubicar la Central Hidroeléctrica de Ciscarros que daba luz a los municipios de la zona), en el término de Calera en la finca del Arco (del grupo de Hidroeléctricas Renilla) está actualmente bajo las aguas del pantano. El puente de hierro donde los detenidos eran ajusticiados fue volado por los mandos republicanos para evitar que desertasen de sus filas, según avanzaba el ejército nacional. Luego fue sustituido por otro de construcción. Pero la tradición oral nos ha conservado los lugares donde sucedieron todos los hechos.

Conservamos el testimonio de doña María López García. Su padre se llamaba Lucinio López Carchenilla, que era el Jefe de la Central Eléctrica en donde vivían. La declarante recuerda que sabiendo que los cuerpos de los ajusticiados pasaban por delante de la Central, salía a observar cada día si alguno bajaba río abajo para que su padre mandase parar las turbinas a fin de que los cadáveres no fuesen triturados. Según recuerda, al día siguiente del martirio del párroco, vio como cuatro o cinco cuerpos eran arrastrados por la corriente, entre ellos el del Siervo de Dios, tras lo cual avisó a su padre.

Tras parar las máquinas y recuperar los cuerpos, la guardia republicana (cinco milicianos) que custodiaban la Central llamaron a sus mandos. Milicianos venidos de Calera se presentaron con la orden de que la corriente del río se llevase los cadáveres. Luego amenazaron a Lucinio con que si sacaba algún cuerpo más lo ajusticiarían a él (Entonces, según la testigo, desde aquel día cuando veían bajar los cuerpos de los que siguieron ajusticiando se limitaban a parar la maquinaria para que los cuerpos pudiesen seguir río abajo). Con unos palos largos devolvieron los cuerpos al río Tajo.

En el libro de difuntos de la parroquia de San Pedro de Calera y Chozas, correspondiente al año 1936, en el folio 89 podemos leer: “El Sr. Cura párroco de esta D. Martín Álvarez después de martirizado fue arrojado al río Tajo”.

 

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