Aznar Moreno, Inocente

Nació el 28 de diciembre de 1882, en Ciudad Real. Sus padres eran Santiago Aznar Laborda y Trinidad Moreno-Carrión Delgado. Siendo esta natural de Socuéllamos (Ciudad Real), Inocente pasó su infancia en esta localidad. Tras su paso por el seminario, al concluir los estudios, fue ordenado el 15 de julio de 1906. Al año siguiente recibe el nombramiento de profesor de cánones en el Seminario de Ciudad Real. En 1909 pasa a ser capellán de las Concepcionistas Franciscanas de Ciudad Real. En 1911 recibió el nombramiento como ecónomo de Valdepeñas (Ciudad Real). Y al año siguiente, tras las pertinentes oposiciones, canónigo de la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo.
En un curioso anuncio publicado en el periódico El Castellano, del 3 de diciembre de 1914, aparece en la última página aviso de los “Sermones que han de predicar en la Santa Iglesia Catedral de Toledo, Primada de las Españas, del 6 de diciembre de 1914 al 15 de noviembre de 1915”. Don Inocente predicaría dos veces en Semana Santa (el 1 de abril -Jueves Santo- y el 2 de abril -Viernes Santo-); en la fiesta de San Urbano, el 25 de mayo; en la fiesta de san Pedro, el 29 de junio; el 25 de julio, en la fiesta de Santiago y el 8 de septiembre, en la fiesta de la Natividad de la Virgen María.
En 1915 ocupa la plaza de profesor de religión en las Escuelas Normales y en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Toledo. El 7 de marzo de 1927 «en la fiesta del estudiante católico, celebrando a Santo Tomás de Aquino en la Catedral de Toledo se nos dice que: “a las ocho de la mañana en la capilla de la Virgen del Sagrario se dijo una Misa de comunión general, oficiando el canónigo penitenciario y catedrático de religión, don Inocente Aznar Moreno. Comulgaron 585 personas».
En 1915 es nombrado juez del Colegio de Doctores de Derecho Canónico. Era también uno de los jueces prosinodales y presidente de la Junta Superior de Conferencias Morales. A finales de diciembre de 1924, el cardenal Reig Casanova, firma su nombramiento como penitenciario de la Catedral de Toledo.
Al llegar los días aciagos de la persecución religiosa, tras el estallido de la guerra civil española, la Ciudad Imperial se convertirá en una ratonera. El siervo de Dios Inocente Aznar vivía enfrente del Gobierno Civil y los milicianos transitan a cada momento por la puerta de la casa. Es más, la sentencia ya está dictada desde hace días, cuando ellos se dicen entre sí:
-Este sí que no se escapa.
El 4 de agosto de 1936 se presentan para detenerlo. Le piden que los acompañe para “ir a declarar”. Don Inocente se guarda en el bolsillo el dinero que tiene, por las necesidades que puedan sobrevenir (prisión, traslados…). Pero enseguida se percata de que lo llevan en dirección al paseo del Tránsito. Son ya las cuatro y media de la tarde y el cuerpo del confesor de la catedral cae acribillado tras las ráfagas asesinas.

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